NOTA
DEL AUTOR
“Doña
Elisa Bravo” fue una heroína de mi infancia que vivía
en dos grabados de Raymond Monvoisin, que colgaban en un salón
en casa de mis abuelos maternos. Cuando me lo permitían me
acercaba y trataba de imaginarme cómo habría sido su
vida: “quería saber todo acerca de ella”; hacía
preguntas a, mi abuelo. Él me contaba que esa señora,
que allí estaba representada, había sido la esposa de
un hermano mellizo de su padre y que había naufragado en el
siglo XIX en la costa de Puerto Saavedra.
La verdad es que nunca soñé que algún día
escribiría la historia novelada de doña Elisa Bravo
y ahora que la estoy terminando, tengo la impresión de haber
abordado un aspecto ignorado sobre ella.
“Mi Elisa” no es el personaje etéreo de los cuadros,
sino que cobra vida en muchos aspectos. Es una mujer que a muy temprana
edad tuvo que afrontar la adversidad en un episodio trágico
y cruel que cambió su vida para siempre. A través de
esta narración aprendemos que esta vida está repleta
de momentos amargos, incluso de grandes desgracias que no vale la
pena negar. También nos enseña de lo que es capaz una
madre con tal de no separarse de sus hijos soportando el dolor, cualquiera
que sea por amor a ellos.
Sobre la existencia de doña Elisa Bravo después del
naufragio, en Santiago se tenía tan solo una leve sospecha,
ya que este hecho se había visto envuelto en medio de una trama
política y el propio gobierno se había ocupado que la
opinión pública se olvidara de este trágico acontecimiento.
Solo importaba que se había recuperado oro y plata de este
naufragio.
El caso se había ventilado en Los Ángeles, aceptando
plenamente el informe elaborado por el sargento Zúñiga
y lo más conveniente era echarle tierra, como así sucedió.
Para el presidente don Manuel Bulnes no fue fácil escoger esta
solución que afectaba directamente a doña Elisa Bravo,
ya que de lo contrario se podía afectar al grueso de la población
por los graves acontecimientos que se podrían haber desatado.
Esto lo deja muy bien relatado don Benjamín Vicuña Mackenna
en su libro “Elisa Bravo o sea el misterio de su vida, su cautividad
y su muerte, con las consecuencias políticas y públicas,
que la última tuvo para Chile”, curiosamente, el título
es más largo que el libro, que se compone tan solo de unas
pocas páginas. En este libro, el autor le da gran importancia,
incluso creo que mayor que a la de la protagonista, a las consecuencias
políticas y públicas que tuvo para don Manuel Bulnes
y la República. Tampoco nos debe sorprender que doña
Elisa Bravo se haya negado a ser rescatada, también hubo en
esa época por lo menos otras dos chilenas que eligieron esa
suerte.
Una de ellas fue doña Rosario Burgos, casada con el cacique
Manuel Namuncura y madre del santo mapuche, San Ceferino Namuncura.
La segunda, la encontramos en la narración del expedicionario
E.R. Smith, cuya expedición al territorio mapuche salió
de Concepción el 4 de Enero de 1853, quién tuvo la oportunidad
en su viaje de visitar y entrevistarse con el Toqui Mañil Huenu
y dice así: “Magnil Huenu “El pasto de Cielo”
o, Mañil Bueno como le dicen los chilenos, era muy anciano
- se calcula una edad de noventa a cien años o más aún
– pero su aspecto no indicaba una edad tan avanzada. Derecho,
pero sin vigor, con ojo vivo y penetrante, y el cabello poco canoso,
podía tomarse por una persona de unos sesenta años…”.
Sin embargo Smith no deja de mostrar sorpresa al saber que el cacique
tiene 20 mujeres (de ellas una chilena cautiva que no quiere volver
entre los suyos es la menor)….”.
En el
territorio mapuche, el Naufragio del bergantín Joven Daniel
y Cautiverio de doña Elisa Bravo causó gran conmoción,
como queda demostrado en el apéndice final de esta novela,
donde he incluido algunos relatos escritos por sus protagonistas.
Llama profundamente la atención que las narraciones del cacique
Pascual Coña, del chileno José Santos Pulgar, residente
en el territorio mapuche y del cacique Pedro Kayupi, coinciden en
señalar la existencia de doña Elisa Bravo, ya que ellos
estaban ajenos a lo que se discutía en Santiago y por escrito
lo que para ellos realmente había sucedido y fuera conocido
por las generaciones futuras, como así mismo, las narraciones
recogida en primera persona por don Guillermo Cox, narradas en su
libro “Viaje a las regiones septentrionales de la Patagonia”.
En las narraciones del cacique Pascual Coña, es particularmente
interesante el párrafo en que, a mí parecer, se hace
referencia al viaje expedicionario de don Ramón Bañados,
cuando cita “...Allí ellas se acostumbraron dé
modo que cuando más tarde sus parientes vinieron a llevarlas,
no quisieron irse; quedaron viviendo con los indígenas...”.