EL MENDIGO Y LOS BUENOS SAMARITANOS
Estaba tan, pero tan cochino que si le quitaban la mugre; desaparecía. 
Pero su temor al agua no era injustificado pues ‚ 
él era tan viejo que parecía haber estado en el diluvio. 
Así que, lavarse aunque fuera únicamente la cara, le aterraba. 
Además que quedaría completamente desnudo pues sólo la mugre lo cubría. 
Lo mejor era dejarlo que siguiera en ese estado, podrido, pero vivo 
Hediondo como ninguno, pidiendo limosna en una esquina 
          
         Por lo que buscaron a otro a quien socorrer en ese día.