Con el corazón en la mano y el susto aún dibujado en el rostro, escapó como una loca de los que le perseguían. Pero, los fantasmas la siguieron calle abajo. Entonces, dobló la esquina y se escondió detrás de una puerta, hasta que llegó el amanecer. Se habrán ido - exclamó en voz alta - Y una voz le respondió: No, aún te estamos esperando.