LA ENAMORADA

Para no desesperar, ella se paseaba de aquí para allá  y de allá  para acá,  nerviosa, apurada, tratando de ordenar sus desbocados pensamientos; sin poder aligerar la carga que le hacía penoso el respiro y la existencia.

Miles de pensamientos cruzaban su mente y se estrellaban unos contra otros. Cada minuto se hacía más insoportable, negro, dudoso y angustiante.

Si seguía así era capaz de incendiar toda la casa, de quebrar todos los platos y hasta de cortarse las venas con un cuchillo.

­ Que pozo tan hondo ­ Que espera tan ingrata !

Si vieran ustedes como tenía ella contraídos los músculos de la cara.

­ Y todo por culpa de ese maldito enamorado

que tenía ya casi una hora de retraso !.