Capello:
Lilian Flores Guerra. Ediciones del Gato, 2018 |
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Por Lila Calderón
La autora se ha esmerado en recuperar espacios, calles, tiendas, sucesos cotidianos, formas de vida, antecedentes que dan cuenta de cómo nuestra identidad se fue tejiendo con los hilos interminables de una humanidad que se desplaza incesantemente por razones que se repiten, en ciclos que pueden comprenderse a la distancia, una vez aquietadas las emociones y sus impulsos. En esta novela, entramos a la historia siguiendo el accidentado devenir de Antonino, un inmigrante italiano que llega a Chile en el año 1878, ilusionado con la esperanza de darle un giro positivo a su rueda de la fortuna, que le hace avizorar tiempos aun más ingratos de los que padece, ya que de mantenerse en su tierra, el futuro es una amenaza y no es amable la salida. Así es como Antonino se aventura tras el sueño que podría cambiar su destino y el de su familia. Y aquello comienza a materializarse, luego de una cruda experiencia en Argentina, en el puerto de Valparaíso donde se abrirán algunas puertas gracias a su temple y habilidades para el comercio. Gradualmente comenzamos a asistir a una especie de visión panorámica que nos aporta datos acerca de su tránsito y dejando en suspenso a algunos personajes gracias a ciertas afortunadas elipsis que velan el friso final donde todas las líneas de acción cobrarán su sentido a partir del presente. Sabremos de la vida de Antonino, de su matrimonio, y de cómo encuentra en su camino a una mujer muy especial, María Ester, una chica aprendiz de modista que ha llegado desde el campo para evadir habladurías y que nos permite recuperar la imagen de la mujer fuerte que lucha para salir adelante, especialmente por su familia, en condiciones muy adversas. También conoceremos a Graciela, que ha convertido su casa señorial en una pensión luego de la desgraciada muerte de sus padres. Mujeres que no solo resisten al rol impuesto por la sociedad sino que intentan cambiarlo y se arriesgan por ello, como miles de cientos de mujeres a través de nuestra historia y que han recibido penas y castigos que en algunas sociedades se mantienen, lamentablemente hasta hoy. Por eso me parece necesario recuperar estos temas y ver cómo aún aprisionan los moldes impuestos al papel de la mujer y cómo ella fue doblemente perjudicada en los estratos sociales populares. Aquí vemos cómo lo femenino se despliega desde distintas perspectivas y en todas nos reconocemos, porque para ser mujer no existe un único modelo, una receta, una pauta, una voz, un vestido, un género. Y Antonino se queda en nuestra retina como un buen hombre que luchó por ayudar a otros a mejorar sus destinos. Y nos emociona sentir la fuerza de su mirada, en el niño emocionado ante la vitrina que resguarda un maravilloso sombrero de mujer. Pero cada lector armará su propio rompecabezas, mientras yo festejo a Lilian por esta bella novela que me ha recordado pasajes de historias de la familia universal que todos conformamos. Narraciones que se cuentan de generación en generación hasta parecer una leyenda o el seductor baúl de cartas, fotografías, joyas, relojes o espejuelos rotos que alientan el misterio de un secreto familiar como un oleaje que se alza y ronda las raíces de todo árbol genealógico.
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