| Donde
las estrellas duermen durante el día, donde el sol descansa
al llegar la noche, donde brilla una luz de cien colores que gira,
se encuentra un lugar hermoso y lejano al que todas las noches
Juanito y Pedro le pedían un deseo, poder vivir allí
un día.
Los
años habían pasado y la tierra se había con-vertido
en un lugar oscuro y sombrío por el descuido y el maltrato
del hombre. Las calles estaban llenas de basura, los edificios
se habían caído, el cielo había perdido su
azulado color bajo la capa del smog y las personas habían
olvidado el sonreír a causa del egoísmo y la obsesión
por el trabajo. Por suerte, los padres de Pedro y Juan habían
mantenido su alegría y su visión de una familia
unida por lo que también día a día planificaban
la forma de huir de aquel horrible lugar en el que se había
convertido su planeta. Una noche, que Ricardo, el papá
de estos lindos niños, dormía plácidamente
tuvo un sueño alumbrador. Se vio a él, su familia
y algunos amigos que tampoco habían perdido las ganas de
vivir, viajando en una enorme nube hacia un planeta lejano, donde
el sol brillaba diariamente y mantenía su bello color.
Vio árboles floridos, ríos llenos de agua, a niños
jugando y encantadoras casitas construidas sobre enormes praderas
pintadas sobre los más diversos tonos verdes. Despertó
eufórico y de un solo salto se levanto de su cama y gritó:
Nos vamos.¿ Qué te sucede ? le preguntó Paula,
su esposa. Mi amor, conocí un lugar maravilloso y apenas
esté todo listo nos iremos de aquí. No quiero que
mis hijos crezcan en medio de esta tristeza .Al día siguiente
se levantó muy temprano y fue a casa de cada uno de sus
amigos y les contó su plan. Crearían una nube gigante,
donde se abastece rían de todo lo necesario para instalarse
en un nuevo planeta. La idea le encantó a todos y poco
a poco, muy en secreto, se pusieron a trabajar. Juanito y Pedro
que escucharon muy atentos a su padre cuando les contó
el tan maravilloso plan, se miraron eufóricos y le dijeron:
Nosotros sabemos a donde debemos ir. Allá, a miles de años
luz de aquí existe un lugar al que llamamos “la pequeña
estrella”, y con nuestro telescopio supera ltavista nos dimos
cuenta de que es como el planeta que tú buscas. A Ricardo
le gustó mucho la idea y después de ver como brillaba
esa estrella les dijo que era ahí donde se iban a instalar.
Todos los niños trabajaban encantados buscando las cosas
que debían colocar en la nube para llevar a su nuevo hogar.
Un día, mientras caminaban por ese horrible bosque, repleto
de árboles muertos, se encontraron con Lucas, un dragón
de siete lenguas y siete cabezas. ¿Quién eres tú
? , le preguntó Pedrito un poco asustado. Soy Lucas, el
dragón de las siete cabezas.
¿Eres
malo o bueno ?, le pregunto Maxito, el hijo del mejor amigo de
Ricardo. Soy un dragón bueno. ¿ Y qué haces
en este lugar tan feo?, preguntó ahora Juan. Vengo de un
planeta muy lejano donde todo se quemó debido a su cercanía
al sol. He viajado por todos los planetas buscando un nuevo hogar,
pero ninguno es adecuado para mí. Vine a conocer la tierra,
y es el más feo de todos los que existen en el sistema
solar; así que deberé seguir buscando donde vivir.
Puedes venir con nosotros, le dijo Anita, hermana de Max. ¿Y
a dónde ?. A la pequeña estrella, ese lugar de mil
colores que gira en el cielo, respondió Pedro. Sí
lo conozco. Es hermoso y en él puedo res-pirar. No me quede
ahí porque estaba solo, sin nadie con quien yo pudiese
jugar. Te irás con nosotros, le dijeron todos los niños
contentos. Cuando Pedro y Juan se lo presentaron a sus padres,
ellos se asustaron un poco; pero al darse cuenta de que se trataba
de un dragón bueno lo quisieron y le dijeron que felices
lo llevarían en su viaje. Cuando la nube estuvo completa
y ya nada les faltaba por recolectar, comenzaron a pensar en qué
hacer para hacerla volar Con todas las cosas que habían
subido, la nube estaba tan cargada que ya no podían elevarse.
Sin pensarlo dos veces, Lucas fue hasta donde estaba Ricardo y
le dijo. Yo no soy sólo cabezas y lenguas, tengo también
dos alas gigantes que te ayudaran a elevar esta enorme nube. Y
así, en un dos por tres, el simpático dragón
se echó la nube a cuesta y empezó a aletear. Todos
se subieron contentos y sin darse cuenta, en breves minutos ya
estaban alcanzando el cielo. El viaje fue largo. Habían
perdido la noción del tiempo; pero la distancia era tan
enorme que pasaban los meses y no podían llegar .Los niños
estaban ansiosos, pero se entretenían intentando tocar
las estrellas, jugando a que eran cometas que se paseaban por
el espacio y escuchando las historias de Lucas de sus eternos
viajes. De pronto, sin darse cuenta, cuando ya pensaban que nunca
iban a llegar, Lucas dijo: amiguitos míos, he aquí
su nuevo hogar.
No
podían creer tanta belleza. El lugar era un paraíso
hermoso. El aire estaba limpio, los campos llenos de árboles,
extraños animalitos corriendo por todas partes y pequeñas
casitas creadas por la erosión de los suelos. La vida allí
era hermosa. Nadie podía más de tanta felicidad.
Eran veinte familias completas que olvidaron la palabra fealdad.
El único que a ratos estaba triste era Lucas. Se sentía
bien con sus nuevos amigos, pero echaba de menos a alguien de
su especie con quien poder jugar. Pero el destino no podía
ser tan cruel con un ser tan bueno. Un día, apareció
entre medio de los árboles una bella dragoncita, llamada
Berta, que también buscaba un nuevo hogar. Lucas estaba
feliz al igual que los niños, ahora sentían que
sus vidas estaban completas y que todos vivirían por siempre
para jugar y jugar.
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