INTRODUCCIÓN

He sido testigo del desvelo y sufrimiento de un hombre, de noches de llanto incontrolable recostado en su cama boca arriba, casi sin respirar de tantas lágrimas derramadas, angustiado e invadido por la tristeza y los recuerdos; recuerdos que lo transportan lejos de la habitación, apoderándose de la poca cordura que aún le quedaba. Desde la puerta de su habitación compartí noche a noche su melancolía…¡si, lo espiaba! Pero sólo con la intención de auxiliarlo por si algo llegaba a sucederle. En mi mente por años mantuve la idea de que podía morir de tanto llorar. Quería protegerlo.

Jamás soportó la idea de perder a su “Ángel”, como él acostumbraba a llamarla para narrarme lo que vivieron juntos mientras duró su paso por la tierra. Fugaz y limitado fue el tiempo en que ellos divulgaron su amor al viento.
Han pasado veinte años y aún no se repone de la partida de su “Ángel”, lo único por lo que ha seguido viviendo es porque le prometió a ella cuidar y amar al pequeño fruto que nació, del gran amor que juntos vivieron. Y así lo hizo, fue padre y madre, dedicó su vida entera al niño que fue una bendición. Durante el día era un gran padre, lleno de vida y alegría para el pequeño Nicolás, compartía todos los días los juegos, la escuela, los amigos, jamás olvidó un cumpleaños o algún importante acontecimiento de su vida, lo educó y lo hizo hombre: Cada vez que creía que las cosas se complicaban miraba al cielo y le preguntaba a su “Ángel” qué hacer. No puedo confirmar si le contestaba, pero él decía que gracias a ella finalmente todo salía bien.
Durante la noche lo invadía la soledad y la tristeza dedicando horas al llanto y los recuerdos.

Hoy decidido a escribir esta historia quiero desahogar mi alma y mi corazón. Lo que espero con esto es liberarme del sufrimiento de aquel hombre. Es muy tarde, él acaba de dormirse, lo observé hasta hace diez minutos atrás. Lloró como un niño, llamó a su “Ángel” mil veces, le hablaba, era tan conmovedor verlo que hasta pensé que ella se encontraba a su lado consolándolo y que yo no hacía falta detrás de la puerta.
Por años he intentado tomar papel y lápiz para comenzar a recopilar la vida de este hombre casi ermitaño. Nada podía impedirme llegar a olvidar detalles de esta fantasía que le hicieran perder su magia. Hoy abro mi mente, mis recuerdos, mi corazón y un diario para transcribir el amor y el dolor del hombre más enamorado que he conocido.

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