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INTRODUCCIÓN He sido testigo del desvelo y sufrimiento de un hombre, de noches de llanto incontrolable recostado en su cama boca arriba, casi sin respirar de tantas lágrimas derramadas, angustiado e invadido por la tristeza y los recuerdos; recuerdos que lo transportan lejos de la habitación, apoderándose de la poca cordura que aún le quedaba. Desde la puerta de su habitación compartí noche a noche su melancolía…¡si, lo espiaba! Pero sólo con la intención de auxiliarlo por si algo llegaba a sucederle. En mi mente por años mantuve la idea de que podía morir de tanto llorar. Quería protegerlo. Jamás
soportó la idea de perder a su “Ángel”, como
él acostumbraba a llamarla para narrarme lo que vivieron juntos
mientras duró su paso por la tierra. Fugaz y limitado fue el tiempo
en que ellos divulgaron su amor al viento. Hoy decidido
a escribir esta historia quiero desahogar mi alma y mi corazón.
Lo que espero con esto es liberarme del sufrimiento de aquel hombre. Es
muy tarde, él acaba de dormirse, lo observé hasta hace diez
minutos atrás. Lloró como un niño, llamó a
su “Ángel” mil veces, le hablaba, era tan conmovedor
verlo que hasta pensé que ella se encontraba a su lado consolándolo
y que yo no hacía falta detrás de la puerta. |
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