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fragmento 3

-Abuelita, hay unos hombres tocando la puerta.
Mi abuela no dejó de manifestar asombro al abrir la puerta.
- ¡Buenos días!
Enseñando un carné, aquellos hombres preguntaron por mi padre. Al escuchar el nombre de mi padre, y viendo el aspecto revelado de los individuos, comprendí que se trataba de agentes de investigaciones, pero más sorprendente era que aquellos individuos eran agentes del sur de Chile, concretamente de la Isla de Chiloé. Mi abuela invitándolos a pasar, les dijo:
-Parece increíble que después de muerto, ustedes sigan buscándolo.
- ¿Qué dijo señora?
-Lo que escuchó, mi hijo hace meses que está muerto.
-También tenemos una orden de arresto para su mujer ¿Dónde está?
-No, ella no está.
- ¿Vive aquí?
Interviniendo le dije:
- ¡Ah, cuando la encuentren, dígale que se acuerde que dejó 5 hijos abandonados hace meses!
Mi abuela una vez más había quedado asombrada al escuchar mi respuesta, más aún, mi forma de convencimiento, que con tanta firmeza había dado a aquellos hombres del servicio de inteligencia. Las cosas nuevamente se estaban complicando para nosotros.

 
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